¿Cuál es la situación de los niños refugiados?

A todos nos estremecen las imágenes de los niños refugiados que llegan solos a Europa tras un largo viaje en el que han dejado atrás a su familia en busca de un mundo mejor. Sin embargo, la situación con la que se encuentran al llegar a su destino no se parece en nada a aquella con la que soñaban antes de emprender su largo y peligroso viaje. Lo mismo pasa con aquellos menores que cruzan América Central rumbo a los Estados Unidos, dos viajes que guardan muchas similitudes y que son igualmente traumáticos para los menores.

Sin acceso a la educación

El sitio de cualquier niño de cualquier lugar del mundo debería estar en la escuela, algo impensable en el caso de muchos niños refugiados. A pesar de los esfuerzos por ayudar a los refugiados de organizaciones como ACNUR -la agencia de la ONU para los refugiados-, muchos niños refugiados no va al colegio, especialmente aquellos que viven en campos de refugiados, ya sea en Europa, en Oriente Medio o en África. Una falta de escolarización que aumenta su vulnerabilidad y dificulta todavía más que puedan tener un buen futuro.

Según los últimos datos de ACNUR, en todo el mundo hay unos 4 millones de menores refugiados sin escolarizar, una cifra que ha crecido en medio millón solo en el último año. El porcentaje de escolarización entre los niños refugiados no pasa del 61%, cuando a nivel mundial es del 92%, pero si nos vamos más allá de la escuela primaria vemos que solo uno de cada cuatro refugiados va al instituto, cuando la tasa mundial de escolarización secundaria es del 84%. Una brecha aún más grande en la universidad, a la que solo accede un 1% de refugiados.

La escuela, un punto de normalidad

Ir al colegio es el primer síntoma de normalidad en el día a día de estos pequeños, que durante su corta vida han vivido situaciones de todo tipo. En la mayoría de casos, ir a clase es lo más normal que han hecho en meses o años, de ahí la importancia de la escolarización de los niños refugiados, que tienen en la escuela un punto de partida hacia un futuro mejor. El problema radica en que hace falta una gran inversión en la educación de estos menores, tanto en Europa y América como en los países más desfavorecidos.



De hecho, un 92% de los niños refugiados están en países en vías de desarrollo, de ahí que sea necesaria la ayuda humanitaria tanto de ACNUR como de los países desarrollados e instituciones financieras para poder consolidar sus sistemas educativos. Solo así los refugiados en edad escolar podrán acceder al sistema educativo del país en el que se encuentran con un currículum académico que se ajuste a las necesidades de cada etapa, tanto en primaria como en secundaria, para luego poder continuar con una educación superior vocacional.

Las refugiadas, fuera de las aulas

Aquí la diferencia de género también es importante y las niñas son las que tienen más difícil estudiar, especialmente a medida que crecen. En primaria la relación es de 8 niñas cada 10 niños, pero en secundaria son menos de 7 chicas cada 10 chicos, unos datos que recuerdan que todavía hay mucho trabajo por hacer para conseguir el objetivo de que todos los refugiados acudan a clase en las mismas condiciones.

Una vez estos niños refugiados llegan a la adolescencia, empiezan a aparecer las presiones familiares para que empiecen a trabajar, se casen o abandonen los estudios y se limiten a las tareas domésticas. La falta de educación es uno de los muchos problemas con los que se encuentra este colectivo, y a pesar de la ayuda humanitaria que les brindan organizaciones como ACNUR es tarea de todos ofrecerles la mayor ayuda posible.

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